Reflexiones “Vergüenza” 1×01: sobre las bondades de los 25 minutos en comedia

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Es un tema recurrente en las conversaciones entre guionistas: la maldición de los setenta minutos. El argumento más utilizado contra esta aberración hispánica es que el espectador, al estar acostumbrado a formatos más cortos, comienza a sentir cansancio cuando aún quedan veinte minutos para el final, generando un sentimiento de hartazgo, que es justamente el contrario al perseguido para fidelizar espectadores (leer Crítica “Tiempos de guerra 1×01: sobre las historias ovaladas”).

 

Pero además de ése, hay otro argumento que viene muy al caso cuando te encuentras con una serie como la que hoy nos ocupa. “Vergüenza” tiene un concepto tan sencillo como potente y original: el humor que se desprende del sentimiento de vergüenza ajena. La particularidad de este tipo de comedia tan basada en situaciones cotidianas, tan construida desde lo pequeño, tan anclada en lo anecdótico es que el hilo conductor de sus tramas es tan fino que difícilmente puede guiar al espectador durante setenta minutos, ni siquiera compartiendo capítulo con otras tramas. Por eso, y acertadamente, “Vergüenza” sólo dura veinticinco. Y desde esa extensión, “Vergüenza” crece y se vuelve grande. Y obliga al espectador a presenciar situaciones verdaderamente incómodas y a pasar auténtica vergüenza ajena.

 

Escrita por Álvaro Fernández Armero y Juan Cabestany, “Vergüenza” es una pequeña joya para espectadores que demandan una comedia más sofisticada pero que también corre un par de riesgos importantes. Por un lado, su virtud radica en extraer el humor de lo cotidiano. En estos casos, la tentación de buscar la carcajada a costa de perder verosimilitud es muy grande y llega un momento en que la comedia se rompe. Encuentro brillantes la secuencia del ascensor o de la boda homosexual. La trama del calzoncillo me parece forzada de más y sitúa al personaje de Javier Gutiérrez en el terreno de los imbéciles poco creíbles.

 

Por otro lado, la serie es novedosa en cuanto al recurso cómico que plantea (la vergüenza ajena) pero se vuelve convencional cuando sólo dota del recurso al personaje masculino. El personaje de Malena Alterio, al menos en el capítulo 1, casi no tiene entidad propia y queda al servicio del payaso masculino. En este sentido, me sumo al llamamiento que las creadoras de “Allí abajo” hicieron en esta entrevista: más personajes femeninos que lleven el peso cómico. Más payasas, más gamberras, más imperfectas…

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2 comentarios en “Reflexiones “Vergüenza” 1×01: sobre las bondades de los 25 minutos en comedia

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