Carlos López, coordinador “Tiempos de guerra”: “Si la ficción tiene que ser equidistante, apaga y vámonos”

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Fotos: Héctor Beltrán

El expatriado Barrejón ya me lo advirtió. “Carlos es uno de los guionistas más agradables y educados con los que me he cruzado”. Y tenía razón. Inteligente, de conversación fluida e interesante, guionista de éxito y docente reconocido. Remata su tiempo y su compromiso con la profesión a través de la asociación “70 teclas”, que todos los años publica los guiones más interesantes que se han escrito en la temporada. Mañana estrena “Tiempos de Guerra” en Antena 3, uno de los éxitos garantizados del 2017.

SOBRE “TIEMPOS DE GUERRA”

El concepto de la serie es un gran acierto porque, aunque tiene escenas bélicas, en realidad la mayor parte del metraje transcurre en el decorado del hospital.

Claro. En ninguna serie en las que había trabajado hasta ahora, el decorado ha servido al guion de manera tan natural como en esta. No nos ha sobrado ni una esquina. Además es que es precioso y funcional a tope.

Al ver el capítulo en Vitoria, un compañero me dijo que “Tiempos de Guerra” corría el riesgo de convertirse en un melodrama romántico como “Velvet” pero creo que, en lo profesional, esta serie tiene más peso que unas galerías de moda. Doy por hecho que la tuya también tendrá mucho de melodrama romántico pero explotais también el drama médico y el bélico…

Hay pretensión de contar algo con base histórica, cosa que no existía en “Velvet”. Y salimos del hospital para enseñar un campamento, una posición, una trinchera… Un segundo pilar de la historia es el drama médico. Bueno, histórico-médico, porque es un hospital de sangre y, por ejemplo, la asepsia estaba muy en sus comienzos. Ponerse mascarilla no era habitual. Hay manuales que indican que los días que se vaya a operar en el quirófano, conviene regar el suelo para que esté limpio. Para que te hagas una idea de cuál era el momento médico. Los hospitales de Melilla sufrieron una avalancha de heridos, con traumatismos de todas clases, y tuvieron que sortear alguna amenaza de epidemia. Mucho de esto se refleja en la serie, y los actores han tenido un pequeño “training” para ver cómo se hacía el trabajo de enfermería en aquella época.

¿Y la tercera pata?

El tercer pilar de la historia es el melodrama romántico, por supuesto. Quizás de las tres patas, la que más puede sea la del melodrama.

Lógico en una televisión generalista.

Además, es uno de los sellos de la productora. Y sí, por supuesto, es una serie para una cadena generalista. Hay quien en estas cosas siempre dice: “os habéis ido a lo fácil, al éxito seguro”. Nadie sabe cuál es la fórmula del éxito. Y hacer una serie que guste a cuatro millones de personas no me parece precisamente fácil.

Intentando además diferenciarte de todos los que llevan años intentando gustar a los cuatro millones.

Y además haciéndolo mejor de como lo hicimos el año pasado. Yo creo sinceramente que “Tiempos de guerra” intenta ser mejor que las series que hemos hecho en temporadas anteriores. Y es algo que extiendo a todas las series españolas: se está avanzando a pasos de gigante.

¿En qué momento del proceso entras tú?

Ramón y Gema me llaman cuando tienen el concepto y una pequeña biblia, por los que estaba interesada la cadena. Yo empiezo a trabajar en el piloto con ellos, que aún no estaba escrito. Creo recordar que a mediados de agosto de 2016 me dicen “queremos que escribas el piloto y coordines esta serie” y la primera versión del piloto es como del once de septiembre. Teniendo en cuenta que entre una fecha y otra me había vuelto loco documentándome.

¿Pero teníais escaleta?

Teníamos el concepto: el viaje de las Damas Enfermeras para abrir un hospital en plena guerra. No obstante, la primera versión aceptable no llegó hasta finales de octubre, creo, muy parecida a la que se grabó en abril. Enseguida se vio que tenía buena pinta, lo que ayudó a que la cadena se lanzara. Entonces me puse a trabajar en el mapa de tramas. A lo largo de la temporada he trabajado en tres diferentes porque haces uno y cuando de repente vas a mirarlo está muerto o desfasado. Te lo has comido, o has tirado por otro lado.

¿Lo haces con el equipo?

Lo proponía yo, de acuerdo con Gema R. Neira y Ramón Campos, y lo desarrollábamos con el equipo de guionistas.

¿Contáis con documentalista?

No. Hemos contado con un asesor, pero entró más tarde. Yo es que soy un poco enfermo de la documentación y cuando he trabajado con algún documentalista suelo correr más que él. Yo soy licenciado en Periodismo y quizá por eso tengo esas ansias de investigar y muy a menudo descubro lo que quiero contar cuando me estoy documentando. Nunca dejo una secuencia con diálogos técnicos en blanco para que la rellene el asesor. Siempre lo intento yo. Para esta serie me he leído libros de enfermería, de Historia, militares, diarios de la época, tesis doctorales… Todo lo que he podido porque es apasionante. Pero la serie es de ficción. No estamos contando la Historia de España ni lo que pasó en Annual. Aunque en las anécdotas, en las pequeñas cosas, en algunos diálogos, hay muchas referencias que son reales.

¿Quién y cómo seleccionais a los guionistas?

Los elegí mano a mano con la productora. Con Nacho Pérez de la Paz y Estíbaliz Burgaleta no había trabajado, pero eran bazas seguras. Con Daniel Martín Serrano trabajé en “El Príncipe” y en “Hospital Central”. Y con Miguel Ángel Fernández he trabajado en muchas ocasiones (“Hay alguien ahí”, “Angel o Demonio”, “11-M”, “La embajada”) y es de mi absoluta confianza, aparte de un placer.

¿Tienes responsabilidad más allá del departamento de guion?

No.

¿Y posibilidad de modificar guiones a partir del visionado de premasters?

No. Empezamos con muy poquito colchón. Teníamos aprobados solamente dos capítulos cuando empezamos a grabar.

Pues tampoco sois un equipo amplio.

No, no. No hemos parado de trabajar, y apenas hemos tenido tiempo de ver alguna secuencia suelta. A día de hoy he visto menos que tú incluso, porque del capítulo uno yo he visto una versión sin efectos.

A mi el capítulo uno me gustó mucho. Es lo único de Vitoria que me atrevo a asegurar que será un éxito de audiencia.

Eso dice todo el mundo ¿Y “La catedral del mar”, no?

También me gustó muchísimo pero no es para todos los públicos. A mi chica la va a echar, por ejemplo.

Hay una cosa de “Tiempos de Guerra” que a mí me gusta mucho y que viene desde guion: hasta casi el minuto 50, el capítulo va disparado.

Sí. Y cuando lo ves tienes la sensación de que está ocurriendo lo que tiene que ocurrir.

En un piloto no es fácil, pero creo que sí, que los personajes se van presentando a medida que avanza la acción, y da sensación de que no se detiene.

En la crítica digo que faltó ver a las enfermeras un poco más superadas cuando se enfrentan a sus primeros pacientes.

Probablemente. Yo espero que funcione porque en la Historia reciente de España tenemos un pozo de ficción maravilloso. Hubo un tiempo en el que cada guionista con el que hablaba tenía un proyecto en la guerra de África. Yo también tenía una historia ambientada ahí, un proyecto sobre el expediente Picasso… así que cuando me llamaron me sumé encantado. Ha sido una guerra muy importante en nuestra Historia y me temo que el público ni siquiera la conoce. Fue fagocitada por la Guerra Civil y muchos espectadores las confundirán. Estoy seguro. Yo siempre digo que la guerra de África es nuestro Vietnam, que no lo hemos superado. Que a poco que escarbes hay un hilo directo entre la guerra de África, la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil, el Franquismo y nuestros días. Fíjate que ha pasado un siglo pero se ve tan claro que es increíble que no se hagan más historias sobre esto. Además, las derrotas son mucho más dramáticas que las victorias, obviamente, y más si se trata de una de proporciones dantescas como ésta. Me gustaría que a partir de “Tiempos de guerra” se abriera la veta porque se ha hecho poquísima ficción sobre esto.

SOBRE CARLOS

Oye, y el tema de “La niña de tus ojos” y “La reina de España” ¿Cómo va?

Pues en mitad del proceso, el calendario judicial es muy lento. Es probable que no haya un resultado hasta dentro de un año o dos, lo cual es muy fatigoso. Pero ahí seguimos, claro.

Tú tienes una larga carrera profesional pero permíteme que salte directamente al primero de tus éxitos recientes. “El príncipe” para Plano a plano. ¿Cómo entraste en ese proyecto?

“El Principe” tuvo una vida muy larga y tortuosa antes de su emisión. Fue un empeño de César Benítez y Aitor Gabilondo que fue rechazado por todas las cadenas, incluido Telecinco. Yo entré cuando faltaban dos meses para la grabación, aunque finalmente fueron nueve. Creo recordar que el piloto iba por la versión 18 y llegó hasta la 27.  Me llamó Aitor Gabilondo, con el que había trabajado en su época de Zeta Audiovisual, cuando yo formé parte del equipo de guion de “El síndrome de Ulises”. Yo acababa de escribir “11-M”, con lo que de yihadismo iba bien servido. Por eso en “El Príncipe” me tocó ser un poquito el experto yihadista, aunque en ello andábamos todos, convencidos de que nos tenían pinchados los teléfonos.

¿Y cómo fue tu desembarco en “Bambú”?

“El Principe” fueron tres años de trabajo y al acabar me llamaron para hacer “La embajada”. Había un piloto escrito y querían que lo reescribiera, que coordinara la serie y que fuera también productor ejecutivo.

“La embajada” es una de mis series de Bambú favoritas y, sin embargo, ha pasado un poco desapercibida ¿Por qué? ¿Qué hicisteis mal?

Bueno. La sensación de éxito o fracaso es siempre relativa. El estreno fue visto por más de cuatro millones de espectadores y, aunque tuvo una caída imparable desde el capítulo uno hasta el once, en este último tuvimos dos millones. Quizá fue un problema de expectativas porque se infló un poquito el globo. Se decía entonces que en España hacía falta una serie política y en esta serie, aunque hablábamos de política, el tema principal era la corrupción. Se esperaba que fuera el “House of Cards” a la española y no era eso. En ese sentido sí que para algunos pudo ser una decepción.

“La embajada”, “El Príncipe”, el 11-M. Tengo la sensación de que te gusta la política

Será porque vengo del periodismo. Es muy habitual para mí sacar historias de los periódicos.

¿Y cuáles crees que son los límites a la hora de hablar de política en ficción?

Yo soy pesimista. Los españoles nos reímos de cualquier cosa menos de nosotros mismos. Parece que estamos abiertos a todo, que nos gusta la risa, pero no es verdad. Lo aprendí en “Los guiñoles”. Tenemos la piel muy fina. Enseguida pensamos que se están metiendo con nosotros y hacemos bandos. Nos reímos del contrario, pero ojo con reírte de mí. Y esto tan mezquino hace que sea imposible ser un poco “destroyer” y meter caña. Nos obligamos a ser equidistantes o justos con todo el mundo.

Pero no es lo mismo equidistante que justo. De hecho a veces es incompatible.

Claro. Equidistante tiene que ser el BOE. Si la ficción tiene que ser equidistante apaga y vámonos. Si la ficción no hiere un poquito, si no pega un grito… entonces, ¿para qué? A lo mejor es cuestión de tiempo, de ir avanzando poco a poco. Hace años era imposible hacer chistes con un vasco y un andaluz y ahora está de moda. Antes todo tenía que ocurrir en Madrid o en el planeta “ficción” y ahora no.

“El príncipe” fue novedosa en ese sentido. Transcurría en Ceuta. Te decía que, a mí, como guionista y estudiante de Políticas me encantaría ver un “Borgen” a la española pero creo que ni el público ni las cadenas están por la labor.

Ha habido intentos. Recuerdo una tv movie que se llamaba “El tránsfuga”. Y ha aparecido en los medios el anuncio de alguna serie política. Lo que está claro es que material hay para aburrir. Después del 15-M y de todos los procesos por corrupción que ha habido, cada vez sabemos más de política, lo que hace que podamos interesarnos por tramas como las de, por ejemplo, “Borgen”. Hay quien dice que son las cadenas las que no se atreven, que censuran. Más que eso, yo creo que, sencillamente, las cadenas son empresas comerciales y temen perder espectadores.

¿Por comprometerse políticamente o porque no interesa el tema?

Por las dos. Incluso aunque crean que hay público, durante mucho tiempo seguirán diciendo: “Mejor no cites a este político”, o “invéntate un partido, no pongas uno real”… porque tienen miedo de segmentar, de expulsar de la audiencia a los partidarios de ese hombre o esas siglas. A lo mejor primero hay que entrar por el humor y luego ponerse serios. O, como me enseñó un maestro, contar al protagonista a través de los ojos de otro, como se hace, por ejemplo, en “El Gran Gatsby”. Quizá la forma de hacer una serie política sea contarlo desde la perspectiva de un periodista o un policía que está investigando… Me da la sensación de que lo hemos intentado de frente y nos hemos estampado.

“Las chicas del cable”, “Velvet”, “Tiempos de guerra” son melodramas protagonizados por mujeres trabajadoras. Parece que es el camino del éxito para Bambú, así como hace años la dramedia costumbrista lo fue para Globomedia ¿Qué otros caminos hay para alcanzar el éxito?

Si yo lo supiera…

Bueno… el del “Príncipe” por ejemplo es distinto.

Nadie sabía que aquello iba a ser un éxito, porque nunca lo sabe nadie. “Las chicas del cable”, la primera serie española de Netflix, ha sido un éxito… ¿tú crees que estaban seguros de que iba a serlo?

Bueno pues ¿qué camino te gustaría recorrer a ti?

Tengo docenas de historias en el cajón. Pero tengo un problema desde el principio y es que yo, como Olivares, vengo de Usera, de una familia que no tenía ni para pagarme los estudios. Entonces yo entré en esta profesión y tuve la necesidad y la suerte de ganarme la vida con esto. Ese era mi sueño, vivir de lo que escribía, y lo tengo cumplido desde hace veinticinco años. Y siempre he necesitado mi trabajo para vivir, así que no he podido pararme durante un año para intentar escribir la película de mi vida. No sé si lo habría conseguido, porque nunca me he lanzado. Lo que siempre he hecho ha sido meterme en cosas que suponen un reto para mí, que no sabía hacer, que me quedaban grandes. Hubo una época en que todo el mundo te preguntaba: “¿Y tú, cuando diriges?” Hoy día ya no pasa. A mí me jodía porque la pregunta daba por hecho que lo de escribir era transitorio, algo menor. Yo he encontrado muchísimo placer en escribir y siempre me he dejado llevar por proyectos que suponían un reto. Y aunque el proyecto no tuviera ni pies ni cabeza, yo siempre he intentado hacerlo lo mejor posible, entre otras cosas porque no sé cómo se hace mal. He contado muchas veces la anécdota: hace años un productor me dijo: “¿Tienes algún guion por ahí? Es que me van a dar una subvención seguro.” Y yo le dije: “Lo siento,  pero en este momento no tengo ninguno terminado.” Y me dice: “Dentro de quince días acaba el plazo. Hazte uno, Aunque sea malo”. Y yo le dije: “Es que tardo lo mismo”.  Yo no sé escribir guiones malos… los he escrito horrorosos, pero cuando los estaba escribiendo estaba convencido de que eran buenos. Necesito esa pasión para sentarme al teclado.

¿Y ahora en qué andas?

Ahora mismo todavía estoy a vueltas con el capítulo 13 de “Tiempos de Guerra”. Así que cuando empecéis a ver la serie, nosotros la estaremos terminando.

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