“Los saltos creativos han de darse poco a poco” J.C.Cueto, showrunner de “Mar de plástico”

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Apenas unas canas separan al Cueto que conocí en “7 vidas” hace más de quince años del que me concedió esta entrevista el mes pasado. Se decía por aquel entonces que era una persona de trato extramadamente fácil. Pude comprobarlo años después cuando el destino me lo colocó de showrunner en “Mis adorables vecinos”. Años después, sigue conservando su don de gentes pero además ha demostrado un talento especial para detectar lo que el público está demandando.

MAR DE PLÁSTICO

Yo pensaba que tenía un buen curriculum pero mirando tu imdb se me cae el alma a los pies.

Eso es porque soy más viejo que tú.

Empecemos por el final: “Mar de plástico”. Cuéntame cómo fue el proceso creativo y de venta de la serie.

Fue a iniciativa propia. La idea surgió cuando todavía estábamos en Multipark. Entonces Rocío Martínez y yo, que estábamos llevando la parte creativa, teníamos la idea de hacer un thriller, un policiaco.

¿Habíais hecho policiaco alguna vez?

No. Policiaco nunca. Teníamos de respaldo al equipo de “Tierra de lobos”, a Alberto Manzano y a Pablo Tébar. Y la primera idea que tuvimos fue hacer algo centrado en un policía ambientado en un entorno peculiar. Aparte de la historia, nos preocupaba mucho el universo. Sabíamos que no se puede hacer género puro porque iba dirigido a la televisión generalista. Sabíamos que eran 70 minutos y por tanto necesitábamos algo más. Teníamos como referencia “The bridge”. Nos gustaba esa cosa de desierto y de calor. Aquí había que buscar algo nuestro. La tendencia en España es hacer cosas de sierra (pinos, monte). Nos llamó la atención un artículo que había leído sobre Almería, sobre cómo se habían enriquecido los agricultores locales con los invernaderos. Entonces se nos ocurrió tomar ese mundo como marco. Por un lado queríamos algo exótico pero a la vez real y cercano y Almería nos lo daba. Ahí coincidió que empezó a emitirse “El príncipe”, que se parecía a nuestra idea en que también era un policiaco sureño pero nosotros seguimos adelante con el proyecto y empezamos a construir. Hicimos un documento de presentación. Pensamos un poco la historia (a quién mataban y quién lo mataba) y los mundos (inmigrantes, rusas…) y se lo contamos a Sonia Martínez en Antena 3. Enseguida le gustó mucho.

¿Cómo de desarrollado era ese documento?

La primera vez que fuimos teníamos un breve powerpoint con 7 u 8 páginas. Concepto, esbozo de personajes, entorno, cómo aparecía muerta la víctima y los enigmas que se planteaban. Cuando nos preguntaron ¿sabéis cómo acaba? pues se lo pudimos contar de palabra porque lo habíamos trabajado. Enseguida lo vieron, la verdad. Hicimos un contrato de desarrollo que implicaba un capítulo 1 y un tratamiento en el que cada capítulo se desarrollaba en una página y media.

¿Cuánto tiempo os llevó esta segunda fase?

Cinco meses, cuatro personas. Luego ese material lo llevamos y también les gustó, aunque tenían dudas de que fuera sostenible en el tiempo.

¿De cara a sucesivas temporadas?

No. De cara a sucesivos capítulos. Entonces lo que hicieron fue ampliar el contrato de desarrollo para que escribiéramos otros dos capítulos durante el verano. En septiembre se los llevamos y ahí fue cuando nos dieron el pistoletazo de salida. Aquello coincidió con la absorción de Multipark por Boomerang y ya empezamos todo el lío para emitir en septiembre del año siguiente.

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¿Cómo afrontáis hacer un mapa de tramas con tanta continuidad?

Somos muy clásicos. Trabajamos sobre pizarra. Como es un crimen empezamos poniendo el principio, los pilares y a donde queremos llegar (quién mató a quién y por qué). Lo primero que hicimos fue construir la línea thriller, cómo van muriendo por el camino y el final. Esto lo tenemos puesto en longitudinal en la pizarra. Y a partir de ahí desarrollamos las tramas de alrededor capítulo por capítulo. Luego también tenemos tramas colaterales que van confluyendo. Esta serie es muy complicada por eso, porque tienes una historia central que es una asesinato pero aparte tienes una historia de gitanos, una historia de inmigrantes que, de alguna manera, tienen que cruzarse para componer ese retrato social. Esto nos obliga a la estructura multi-trama. Tras la primera temporada, la cadena hizo un estudio cualitativo y ahí salió muy valorado tanto el policiaco en sí como el mundo de Campoamargo, lo que nos obliga a tenerlo siempre presente y a jugar con un abanico de personajes muy grande.

Luego contratasteis a más guionistas. ¿Qué criterio seguís para formar la writers’ room?

Gente de confianza con la que ya habíamos trabajado o gente que había escrito cosas que nos habían gustado.

¿Cosas que tienen que ver con la serie?

O simplemente que te gusten por algo.

¿La producción ejecutiva es colegiada?

Sí. Rocío y yo lo llevamos todo juntos y todo lo discutimos. Llevamos muchos años trabajando juntos. En Boomerang se distingue entre producción ejecutiva “de producción” propiamente dicha, llevada a cabo por Jorge Redondo y una más creativa, que se llama “de contenidos” que es la nuestra.

¿Qué nivel de supervisión ejercía la cadena?

Estrecha pero tuvimos muy buena relación. Nosotros le enviamos los guiones y sus informes, aunque prolijos, eran más dudas que pegas. Como ya teníamos mucho camino desarrollado por delante pues todo fue muy fluido.

¿Y la colaboración con Boomerang qué tal?

Pues muy bien. Cuando nos absorbieron, el proyecto ya estaba vendido pero al integrarnos, nos metimos en su sistema y estamos bajo la supervisión de Josep Cister.

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TRAYECTORIA PROFESIONAL

Ahora hagamos un flash-back y cuéntame cómo empezaste en esto.

Yo empecé siendo periodista pero la mili me desconectó de aquello. Era entonces cuando empezaban las televisiones privadas. Me llamaron del VIP de Emilio Aragón para que redactara las preguntas desde Burgos mientras hacía la mili. Así entré en la tele. Cuando terminé, me integré en Telecinco. A mí siempre me había gustado mucho escribir. En el VIP estaba Écija, Emilio, Victor García… todo el equipo contratado por Telecinco porque las cadenas aún no trabajaban con productoras sino que ellas mismas generaban sus contenidos. Entonces nos pasaron a Victor y a mí a un departamento de guion que dirigía Victor Mato. Entonces ya no me enfrentaba a preguntas sino a guiones completos de programas como Tutti Frutti, las mama chichos… aprendí mucho, era duro pero también muy divertido.

Hasta que Emilio y los demás fundaron Globomedia.

Sí. Y nos repescaron. Hicimos “Noche noche”, un programa de Emilio que no fue muy bien. Pero Antena 3 tenía comprado el formato de “El juego de la oca” y se lo ofrecieron a Globo. Lo cogimos, vimos el italiano e hicimos la versión española. Emilio tenía un gran tirón y como veníamos de un fracaso pues estábamos todos con las uñas fuera. El programa se trabajó muchísimo, se mejoró el italiano. Diseñamos pruebas más complejas y fue un éxito. A Globo le dio un impulso importante para hacer una serie que era lo que todos queríamos hacer.

Así empezó “Médico de familia”.

Sí. Yo por el medio me fui tres meses a Estados Unidos a hacer un posgrado de estructura de cine y tele. Cuando volvimos, nos integramos con un equipo muy grande: Felipe Mellizo, Manuel Ríos, Nacho Cabana, Emilio Aragón, Manuel Valdivia, que era el que coordinaba todo aquello. Y entre todos hicimos “Médico” que fue un éxito. Luego el grupo se escindió. Manolo se fue a hacer “Menudo es mi padre” y otros a “Periodistas”. Yo me quedé en “Médico” y empecé a dirigir, cosa que no había hecho nunca. Aunque ahora es una serie naif, creo que todos aprendimos mucho y que fue vital para Globo y para la ficción nacional. En aquella época muy pocos hacíamos ficción. Éramos una élite. Fue un boom.

Y de ahí pasaste a “El grupo” ¿Qué aprendiste allí?

Que está bien dar saltos creativos pero que hay que darlos poco a poco. En aquel entonces, “El grupo” fue un salto demasiado grande. Se rompía el concepto de serie endogámica. Estaba “Médico”, que era una serie familiar, “Periodistas” que era profesional y en “El grupo” rizamos demasiado el rizo. El concepto era raro. Poca gente va al psicólogo en España y mucho menos a una terapia de grupo, con lo que ya partes de una base complicada. Y luego la propia estructura que se montó implicaba darle la vuelta a todo. Si normalmente los protagonistas son un grupo de gente que convive todo el rato, aquí eran personas que tenían sus vidas independientes y que sólo convivían una hora a la semana. Eso nos obligaba a tener mundos muy separados que se iban juntando sólo de vez en cuando. Y encima recurríamos mucho al flash-back para contar sus problemas. Tramas muy separadas, muy estancas y difíciles de seguir. Además yo creo que nos quedó un poco lentora.

Yo siempre he pensado que no fue bien de audiencia porque el tema era un poco triste y eso la hacía poco comercial

Sí. De crítica gustó mucho pero llegamos a donde llegamos. La lección que saqué es que los avances hay que hacerlos poco a poco.

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El otro día leí una frase que decía: “A veces se gana y a veces se aprende”. Es aplicable aquí. Después llegó “Javier ya no vive sólo”.

Sí. La puse en marcha en paralelo con “UPA”. Rocío y Ana Maroto en “Javier” y Pilar Nadal en “UPA”. En “Javier” nos pasó lo contrario. Fuimos demasiado conservadores. Era un “Médico de familia” modernizado que se quedó en tierra de nadie. Ese Emilio Aragón modernete no funcionó. No era mala serie pero le faltaba un poco de chispa. Y punch.

¿Y “UPA”?

Tengo buen recuerdo. Sufrimos mucho haciéndola pero funcionó bien. Era la época en que las series hacían 25% y ésta tenía un poco menos. A la cadena le venía bien un público joven pero se quedaba un poco corta de adultos. Eso nos obligó a darle más peso a las tramas de los profes. Se hizo la explotación discográfica y fue muy bien. Dio mucho dinero a Globo y a Antena 3. Si “Compañeros” era una serie de jóvenes convencional, “UPA” dio el paso de incorporar arte o danza. Y posteriormente “El internado”  le incorporó misterio.

 Pasaste brevemente por “7 vidas” ¿verdad?

Sí. No estuve en la creación con José Camacho, Victor García y Nacho G. Velilla porque yo estaba en “Médico”. Fueron muy valientes. Era la época en que “Friends” estaba en pleno apogeo.

Yo empecé ahí. Ahí nos conocimos, aunque creo que no llegamos a trabajar juntos.

No. Victor se empeñó en hacerlo a la americana, con público y al final lo consiguió. Yo me incorporé como refuerzo para todo. Dirigí el primero y escribí el 2. Fueron 3 o 4 meses muy duros porque no sabíamos muy bien qué estábamos haciendo. Dirigiendo tenías el feedback del público que era muy bueno porque todo el mundo se reía (claro, teníamos a Javier Cámara) pero luego lo veías en pantalla y no funcionaba. Ahí aprendimos que había que editar mucho.

Curriculum eterno el tuyo. “Casi perfectos”.

Aquella serie fue un poco extraña. Era una nueva intentona con Emilio que también se quedó en tierra de nadie. Empezamos como “7 vidas”, con público en directo pero habríamos necesitado más refuerzo de “7 vidas” porque no teníamos el sistema pillado. Lo que pasa es que ellos no podían porque estaban ya creando Aida. Por otro lado, la historia no era tan ácida como “7 vidas”. Era más amable. Arrancó bien pero Telecinco nos programó con “Los Serrano” y nos hundió. Se fue haciendo cada vez menos sitcom y no fue muy allá.

En “Mis adorables vecinos” sí que trabajamos juntos.

Sí. Aquello fue una comisión de servicios que tú conoces mejor que yo. Hubo un movimiento de equipos y fui a echar una mano. Me parece que era una serie que funcionó bien. Estuvo varias temporadas.

Luego creaste un par de conceptos que desarrollaron otros: “El internado” y “Águila”

Sí. “El internado” la creamos Rocío y yo. Pero hubo desencuentros con Écija y se cambiaron los equipos. Y “Águila” la creé con Ernesto Pozuelo y Carmen Ortiz. Fue justo ahí cuando salí de Globo.

Y tu primera serie fuera del paraguas de Globo fue “Tierra de lobos”

Sí. Estábamos en una empresa muy pequeñita en la que yo tenía el liderazgo de todo. Para mí fue brutal porque viví la serie entera desde crearla, venderla… rehacerla. Fue muy interesante. También la creé con Rocío y lo que queríamos hacer era una mezcla de historias, muy melodrama. Queríamos hacer algo de época, que todavía no había tanto como ahora y teníamos los referentes de “Cumbres borrascosas” y “Mujercitas”. Y luego el tema western. Ahí hicimos una mezcla que al principio era como más gótica, más escocesa, más de montaña. A David Martínez, de TVE le encantó. Nos contrataron un desarrollo e iba todo muy bien hasta que quitaron la publicidad en TVE, hubo cambios políticos y empezaron a irse todos los directivos… justo cuando estábamos a punto de empezar. El que la había comprado, David Martínez, se fue a Telecinco. En TVE había un vacío de poder. Y me llamó David que la quería para Telecinco. TVE no la reclamó. Devolvimos lo que nos habían pagado y nos la llevamos a Telecinco. Pero siendo la misma serie tuvimos que telecinquearla.

¿Cómo se telecinquea una serie?

Haciéndola más comercial, un poco más de sexo, más sol, más luz. David Martínez quería que fuera más western. Peleamos mucho por ella e hicimos tres temporadas. Yo tengo un gran cariño por esa serie.

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Después hiciste “Los nuestros”

Sí. Nos costó mucho venderla porque Telecinco le veía varias pegas. Una, es que creían que era demasiado masculina y en televisión sin el público femenino no eres nadie. Y otra es que nunca íbamos a estar a la altura de las producciones americanas. Entonces iba a ser un quiero y no puedo que no iba a funcionar. Pero, por un lado a Rocío se le ocurrió poner un protagonista femenino, y por otro lo ambientamos en un cuerpo de operaciones especiales. Eso nos permitía que, en cuanto a producción, sólo fueran 8 personas con dos jeeps por el desierto. Era más asequible económicamente. Gracias a eso la conseguimos vender. Luego los diálogos los hizo Alejandro Hernández. Lo que aprendí de aquello es que todo es adaptable. El bélico parecía un género imposible en España… aquí lo militar suena a rancio, a facha pero fuimos capaces de hacerlo moderno, como un servicio público más. El rodaje fue muy duro.

¿Cómo ha evolucionado la manera de escribir en estos años?

Lo primero que marca la diferencia es el número de guionistas. Hace muchos años, cuando tú y yo trabajábamos juntos, había un montón de guionistas.

Yo recuerdo hasta 12, un coordinador y dos productores ejecutivos.

Sí. Había guionistas veteranos pero también había gente que estaba empezando, una especie de escuela… eso ya ha desaparecido. Ahora tienes menos guionistas y tienen que ser más experimentados.

¿Tenemos a cambio más tiempo ahora?

No mucho más. Por eso hay poco margen para el error.

Todo a partir de la crisis.

Sí. Va todo muy ajustado en equipos y tiempos, lo cual es una putada para guionistas nuevos. Pero la dinámica es muy parecida a la de antes. Además de una labor de coordinación, Rocío y yo escribimos también. En otra época a lo mejor sólo escribía el piloto pero en ésta escribo más.

 “El internado”, “Águila”, “Tierra de lobos”, “Los nuestros”, “Mar de plástico”. Me llama la atención que tienes cierto olfato para saber lo que quiere el público. ¿Cómo se hace?

Bueno. El concepto tiene que ser comercial.

Ya. Eso lo queremos hacer todos.

Sí, pero existe el riesgo de ponerte muy elevado. Es lo que te decía con “El grupo”. Se trata de avanzar creativamente pero poco a poco. Si te fijas, “Águila” es similar a “Médico”. Es un viudo con hijos y una familia que se enamora de su cuñada. En vez de médico es un héroe del siglo XVI pero es un planteamiento muy clásico.

¿Cómo ves el futuro de la ficción en nuestro país?

Veremos en qué para la llegada de las nuevas plataformas pero yo creo que es buena para todos. Hemos tenido dos o tres años muy malos en que parecía que esto se acababa. En Telecinco llegaron a decirnos que iban a dejar de hacer ficción porque les resultaba más rentable hacer programas. Ahí se me heló la sangre. Ahora ha mejorado un poco la economía y han llegado series que le han metido un buen empujón a la ficción como es “El príncipe” que fue un exitazo. De eso nos beneficiamos todos.

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