Daniel Écija o cómo conquistar al público por enésima vez

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Fotos: Héctor Beltrán

Este mes se cumplen dos años de la última vez que Fati me sirvió un café, de la última ocasión en que Eva Halconero me ayudó a encuadernar un guion y del último día en que el diligente Javi se acercó hasta mi mesa para traerme un paquete postal. Los que han transitado los pasillos de esta productora conocen perfectamente estas rutinas. Hoy vuelvo a mi casa para entrevistar al que sigue siendo la cabeza más conocida de esta empresa que forma parte de la Historia de la televisión: Globomedia… Maldita Globomedia… Bendita Globomedia…  Daniel Écija me recibe en su despacho casi con el mismo aspecto y la misma energía que cuando revisábamos algún capítulo de esa serie de abogados que hacía Javier Cámara o de aquella otra comedia que protagonizó Paz Padilla. Su nueva ficción para TVE es una de las sorpresas de la temporada. Va a ser que los viejos rockeros nunca mueren.

SOBRE “ESTOY VIVO”

¿Cómo nace este proyecto?

Es una serie que empecé a crear después de una visita a Toni Sevilla, recién llegado a Televisión Española, y a Eladio Jareño, el director de la cadena. Ambos me invitaron a hacer una serie diferente y me puse a escribir por la noche: un universo, personajes… Cuando te planteas un universo, a menudo tiras de lo que has vivido. Así que hice un viaje a mi juventud, al barrio donde iba con mi padre (Vallecas), a la pérdida temprana de un ser querido. El personaje de Cristina Plazas es mi madre, que se quedó viuda con cuarenta años y tuvo que quedarse en casa cuidando a sus hijos. Y tomar el relevo del padre y convertirte en una familia monoparental. Además, aquel verano que empecé a trabajar en “Estoy vivo” disfruté mucho viendo “Stranger things”. Recordé al niño que veía “El cielo puede esperar” con un esguince de tobillo.

¿Era la primera que te sentabas a escribir?

Siempre me he implicado mucho en los procesos de creación de las series de Globomedia, en el diseño y desarrollo de tramas, en los perfiles de los personajes… En esta ocasión me lancé incluso más a fondo, si cabe, aprovechando una serie de circunstancias personales y profesionales.

¿Cómo de maduro estaba el proyecto cuando entra el resto del equipo?

A Toni Sevilla, Eladio Jareño y Fernando López Puig les cuento lo que quiero hacer en un “pitch”. Les parece extraordinario, así que me vuelvo a casa y busco compañeros de viaje, que dialoguen muy bien. La determinación en esta nueva etapa era trabajar con gente con la que nunca había trabajado. Le pregunté a mi chica, que es guionista, si conocía a alguien muy joven, con mucha creatividad y permeabilidad, a quien yo le pudiera trasladar mi idea. Y surgió el nombre de Jesús Mesas, que venía de “Águila Roja”. Nos presentamos, le dije lo que tenía y lo que quería y que necesitaba a alguien que trabajara siguiendo mis indicaciones, sobre todo al principio. Gente con muchas ganas, gente en proceso de maduración. También conté con Mercedes Cruz. Y me hablaron de Jaime Palacios. Les dije: “vais a trabajar en una marcianada que se me ha ocurrido”. Entre Mercedes, Jesús y yo escribimos el 1. Me recordaba a mis inicios en Globo, cuando éramos tres o cuatro monos.

¿Y ahora el proceso cómo es?

Del uno al cinco es muy importante para mí controlar todo el proceso. Tramamos y secuenciamos aquí juntos. Jesús es un dialoguista espectacular, Mercedes partía de una madurez con sus cincuenta y pico años que nos ayuda mucho…

Entonces el diálogo lo delegas…

Meto líneas pero la clave está en controlar las tramas y la escaleta. Ahí es donde está todo.

A ti te gusta darle muchas vueltas a los primeros capítulos aunque ello suponga trastocar la historia en su largo recorrido. ¿Hasta qué punto es más importante para el éxito comercial de una serie los tres primeros capítulos que la historia completa que queremos contar?

Para mí es muy importante afianzar varias cosas en los primeros cinco capítulos: primero el tono. Después del guion, la dirección es clave. En “Estoy vivo” tengo tres directores. Por eso sigo yendo a plató. Para unificar el tono, algo que me está costando mucho. Segundo, los personajes: su nivel de madurez, de inteligencia, que no sean unidimensionales. Lucho para que las adolescentes tengan los dieciséis años de la calle. Y me cuesta porque es muy complicado dirigir adolescentes y no caer en el cliché. Tercero, que los conflictos sean universales y que los personajes pongan los huevos en la parrilla. Es decir, extremar su situación. Cuarto: dramas con sentido del humor. No drama y comedia sino dramedia. Aquí hemos denostado varias palabras (costumbrismo, dramedia) cuando son cualidades extraordinarias.

Entonces los primeros capítulos lo justifican todo

Todo. Aquí las acotaciones son claras pero extensas para que les marque la ruta al actor y al director. Porque luego no tenemos tiempo para que el equipo se empape de lo que queremos hacer. Porque “Estoy vivo” transita por un sitio nuevo. La pasarela no era el cielo. Había que buscarla. Decidir si arquitectónicamente era Bofill o Norman Foster. Yo me he metido en el camerino con Javier Gutiérrez para decidir el corte de la chaqueta. Porque yo sabía lo que le había vendido a TVE. Le había vendido “Stranger things”, “El cielo puede esperar”, el tono de Richard Donner… Para mí era importante la pareja de “Arma letal”, el tono de Maverick, el de “Notting Hill”…

SOBRE GLOBOMEDIA Y EL SECTOR

¿Cómo ha cambiado la producción de series con la crisis, la revolución tecnológica y la llegada de nuevas plataformas? ¿Existe una burbuja de las series que se va a pinchar cuando acabe la guerra de plataformas o el mercado ha crecido simplemente porque hay más demanda?

Con la aparición de las plataformas y las OTT se está produciendo una fuga de público joven. Esto, unido a una pirámide poblacional invertida nos deja un público muy adulto. Nosotros siempre tenemos que saber quién está al otro lado y esto condiciona tremendamente nuestra creatividad. Pero además ha habido una revolución tecnológica que nos permite trabajar mucho más rápido y con una factura tremenda. Hemos dejado la multicámara para pasar a “single camera”, lo que te hace afinar mucho más. La factura de Netflix cuesta 3-4 millones para cuarenta y cinco minutos. Nosotros hacemos 70 por medio millón. Y con todo y con eso, la fotografía es bastante similar. Esto viene a decir lo buenos que son todos los equipos técnicos aquí, después de 20 años. Esto es todo lo que ha cambiado.

¿Y lo que no ha cambiado?

Y lo que no ha cambiado y no debería cambiar es la ventaja con la que contamos: nuestra cultura, nuestro idioma, nuestro universo. Yo creo que deberíamos etiquetar nuestra ficción. Los nórdicos, con menos, lo han hecho. Los norteamericanos también. Necesitamos una denominación de origen. Esto es clave y a veces creo que lo olvidamos. Parece que queremos tener otra denominación de origen. Te invito a que la desarrolles.

¿Y qué características tendría esa marca España de series?

Yo creo que sabemos hablar de la amistad, del amor… Tenemos calor, pasión. También tenemos sentido del humor y más ritmo… y a veces nuestros personajes tienen más profundidad.

Ahora que hablas de ritmo ¿eres partidario de los cincuenta minutos?

Sí, claro. Por supuesto.

¿Y no hay manera de convencer a las cadenas?

El conflicto es que la cuenta de resultados les sale muy bien. Nos hemos malacostumbrado. Aquí se hacen “access prime time” como “El intermedio” o “El hormiguero” en horario de “prime time” y cubrimos el “prime time” con una sola ficción cuando en otros países se hacen cuatro.

Pero la llegada de Netflix y Movistar parece estar cambiando algo en este sentido.

Sí, claro. Eso es fantástico. Pero también creo que los productores hemos estado tan ocupados trabajando que se nos olvidó construir una voz propia.

¿Para qué?

Para defender nuestra narrativa con cosas como esto de los cincuenta minutos. O para defender a los creadores. Creo que hay que legislar como en países vecinos. Nuestra situación es tremendamente débil en comparación con la de otros países europeos.

Desde hace algunos años, los guionistas contamos con un convenio de obligado cumplimiento que fija salarios mínimos. Yo siempre que he trabajado aquí he cobrado por encima de esa cantidad pero no sé si eso sigue siendo así.

Creo que sí. Yo siempre he defendido la figura del guionista. Creo haber sido el primero en poner al guionista en una conferencia de prensa. Y he puesto a guionistas como productores ejecutivos. Y he rotulado a varios como productores ejecutivos. A la mínima que una persona intervenía en el desarrollo, ha firmado como creador. Revisa por ejemplo “Águila”.

¿Cuál es tu opinión sobre la cantidad de creativos que ha dado Globomedia y que han terminado saliendo de aquí?

Mira, cuando la gente crece, quiere volar y no hay nada que se pueda hacer para evitarlo. La historia de Globo es de tal éxito que fagocitaba todo lo que hiciéramos. Todo era factoría Globomedia. Yo entiendo que hubiera profesionales que quisieran salir de este megamonstruo maravilloso. Cada uno salió a su manera. Cuando lo ves con perspectiva creo que era lo normal. El tiempo pone a cada uno en su sitio. No hace falta hablar. Además es muy complicado ser objetivos. Estamos hablando de Historia de la televisión. Globo ha sido la gran universidad de la ficción televisiva de este país, el gran formador. El 80% de los profesionales de hoy crecieron en Globomedia. Y a mí eso me hace sentirme muy orgulloso. A su vez, Globomedia se favoreció mucho de la gente tan buena que tuvo. Fuimos muy espabilados fichando.

¿Y ahora en qué andas?

Ahora estoy un poco más separado de “Estoy vivo” en la recta final porque confío mucho en gente como Jesús Mesas, Guillermo Cisneros, Adriana Rivas, Jon de la Cuesta, Andrés Martín y Fede Muñoz…, que escriben extraordinariamente bien aunque sigo encima de la creación de las tramas. “Estoy vivo” es un proyecto tan personal…. Por lo demás, estoy esperando el estreno de “El accidente” en Mediaset y tengo encargos para los próximos años.

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