Crítica de temporada: “La sonata del silencio” o el error de no viajar hacia el horizonte de la serie

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Como guionista y espectador, una de las cosas que más valoro en una serie es que me cuente una historia redonda. ¿Qué quiero decir con esto? Para mí, que una historia sea redonda significa que los conflictos que el guionista plantea en el capítulo uno deben estar latentes durante toda la temporada y han de guiar las acciones de los protagonistas hasta el final, momento en el cuál estos conflictos se resuelven. Que una historia sea redonda significa que, en el episodio piloto, el guionista tiene que ser capaz de hacerle intuir al espectador cuáles son los acontecimientos que acaecerán en el final de la temporada (es lo que yo llamo “dibujar el horizonte de la serie”) y luego llevarle hasta ellos de la manera más sorprendente posible. Es verdad que, en el caso de las series, los intereses económicos hacen que las historias se alarguen y que la serie continúe después incluso de haberse cerrado el círculo; o que el autor se vea obligado a hacer un círculo tan grande que, por el camino, el espectador pierda la noción de hacia dónde está viajando. El limitado número de capítulos de “La sonata del silencio” impide que estos errores se puedan cometer pero eso no significa que la serie sea redonda. Analicemos el horizonte que los autores nos dibujan en el primer capítulo y lo veremos con más claridad.

Fundamentalmente, el capítulo uno nos planteaba dos conflictos: por un lado, el de Marta y Antonio, una familia económicamente venida a menos. Antonio está enfermo y necesita un tratamiento muy caro que no puede pagar ¿Qué es lo que está en juego? La vida de un protagonista, conflicto potente donde los haya. Por otro lado, los problemas con la justicia de Antonio le obligan a prometer a su única hija con un hombre al que ella no ama. Matrimonio de conveniencia frente a matrimonio por amor. Conflicto de menor intensidad que el anterior pero reconocible y muy potente también.

Veamos ahora cómo evolucionan estos conflictos a lo largo de la serie. El segundo de ellos se mantiene presente durante toda la temporada. En el penúltimo capítulo se produce la boda de conveniencia y en el último, Marta, la madre, tiene que salvar a su hija de las garras del marido enviándola a Boston a reunirse con la persona de la que realmente está enamorada. En este sentido, la historia es redonda. Sin embargo, el primer conflicto hace aguas. Tras salir del coma en el capítulo cuatro, la vida de Antonio deja de correr peligro y el conflicto principal es sustituido por otro. Ahora el problema será que Antonio no acepta que su mujer tenga que trabajar para mantener a la familia. En este sentido, la historia pierde su redondez.

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Pero un momento ¿No nos estaremos poniendo demasiado categóricos? ¿De verdad que es necesario que la historia sea redonda en los términos descritos anteriormente para que sea una buena historia?  Yo defiendo que sí, desde luego. Cambiar de conflicto a mitad de temporada te desvía del horizonte de la serie que dibujaste en el capítulo uno y con ello frustras a los espectadores que te seguían con la intención de alcanzarlo contigo.  Vale pero ¿y si el nuevo horizonte es mejor que el primero? ¿No estaría justificado en ese caso? Tampoco. Si lo que está por venir es mejor, entonces te equivocaste en el capítulo uno al dibujar el horizonte de la serie. ¿Por qué escondiste que ésta se dirigía hacia unos acontecimientos tan epatantes? Sólo se me ocurre una buena respuesta: que dicho horizonte no pueda ser dibujado con las pocas pinceladas que pueden darse en un primer capítulo.

En cualquier caso, este no es el caso de “La sonata del silencio”, pues no sustituye su conflicto inicial por otro más intenso sino todo lo contrario. El conflicto en el que está en juego la vida de un protagonista da paso a otro en el que lo que se arriesga es sólo el matrimonio entre dos personajes. Es cierto que al final, el enfrentamiento entre ellos se recrudece hasta el punto de que Antonio asesina al amante de su mujer pero, a esas alturas, hace tiempo que el espectador ya está desconcertado y frustrado ¿no era ésta una historia de pobres y ricos? ¿no era la vida de Antonio la que estaba en juego?

Quizás esto no explique los discretos datos de audiencia de “La sonata”. O no los explique del todo. Quizás esté siendo injusto con la serie y no esté destacando otras virtudes que sí tiene. Quizás… El problema es que de los aciertos no se aprende. Los guionistas profesionales estamos acostumbrados a recibir críticas. Sólo espero que la mía haya sido suficientemente constructiva.

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