Crítica temporada “Sé quién eres”: sobre la mayor importancia de la trama personal frente a la criminal también en el thriller

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[OJO ESPOILERS]

Mucho se ha hablado en las últimas semanas sobre el final de esta fantástica serie. Ese gran plano general en el que Elías asesina a Eva Durán ya es uno de los grandes momentos en la historia de la ficción nacional. Todo el mundo alaba especialmente la capacidad de Freixas, Mercadé y su equipo para construir una buena historia. Sin embargo, y aunque comparto esa opinión, me parece interesante señalar cómo el secreto para construir bien un thriller cómo éste no está en la trama policial-criminal (o judicial-criminal) sino en la personal-familiar. ¿Por qué digo esto? Hagamos un breve resumen de la trama judicial-criminal y lo veremos:

La serie arranca con Juan Elías amnésico a causa de un accidente de coche. Su sobrina, Ana Saura, desapareció la noche anterior y la policía encuentra restos de su sangre en el coche de Elías. De esta forma, nuestro protagonista se convierte en el principal sospechoso de un supuesto crimen del que, o no recuerda o dice no recordar nada.

Con el paso de los capítulos, vamos descubriendo lo que pasó aquella fatídica noche. Ana Saura dejó restos de su propia sangre en el coche de Elías para chantajearle y obligarle a abandonar la campaña como candidato a rector de la Universidad. Sin embargo, mientras Ana está dejando esos restos en el coche de Elías, presencia accidentalmente cómo éste mata a un hombre. Asustado ante la posibilidad de que pueda delatarle, Elías encierra a Ana en un sótano y se marcha. A causa del accidente de coche inmediatamente posterior, Elías pierde la memoria y Ana permanece días encerrada en aquel sótano sin que nadie pueda acudir a rescatarla. Cuando Elías recupera la memoria, corre en su auxilio pero, en lugar de liberarla, decide tenerla retenida el tiempo suficiente para convencerla de que no le involucre en todo el asunto.

Al final de la serie, Ana es liberada y, por ambición profesional, decide adoptar la versión que exculpa a Juan Elías: el culpable de todo será un cabeza de turco, preparado por Elías, que tendrá que asumir el asesinato del hombre y el secuestro de Ana.

Éste es, en pocas palabras, el esqueleto criminal en torno al que Freixas construye su historia. Ahora fijémonos en un detalle: en el último capítulo, cuando Ana Saura declara ante el juez, dice que Elías no tiene nada que ver con su secuestro, que ella le robó el coche y que el hombre que la secuestró no fue Juan Elías sino el cabeza de turco pactado con Elías. Y el juez se lo traga. Dice que el relato es creíble. Como todo ocurre muy deprisa, apenas tienes tiempo para pensar pero si echas la vista atrás empiezas a encontrar ciertas contradicciones. Recordemos que, al principio de la serie, Elías tiene un accidente con su coche en el que pierde la memoria. ¿Cómo pudo haber ocurrido si Ana le había robado el coche? ¿Cómo vuelve el coche a manos de Elías según la coartada que expone Ana? ¿No es éste un error lo suficientemente importante como para que podamos decir que nuestra historia no está bien construida?

La realidad es que no. Cómo decía al principio, la trama criminal no es lo más importante. Por supuesto que tiene mucha importancia pero centrarse en ella y enredarnos en tratar de explicar todos sus vericuetos es uno de los peores errores que como guionistas podemos cometer. Y los guionistas de “Sé quién eres” lo saben. Y por eso ignoran deliberadamente este jardín y se centran en lo que de verdad hace que la historia llegue al espectador: la lucha de un hombre por conservar a su familia. Para Elías, lo que está en juego en el último capítulo, no es tanto el riesgo de pasar veinte años en la cárcel (que también) como el de perder a su esposa e hijos. Y el hecho de que, por el camino haya puesto en riesgo la vida de su hija y haya estado dispuesto a asesinar a su esposa, no hace sino dibujarnos una relación entre personajes muy singulares que se rigen por unas normas morales muy particulares. Y el espectador asiste impresionado a esta particular visión de la familia y no puede por menos que aplaudir y admitir que aquella, aunque no tenga la más redonda de las tramas criminales, es una magnífica historia.

Así que ya lo saben. La próxima vez que se enfrenten a la escritura de un thriller, céntrense en construir relaciones entre personajes originales, inteligentes y ambiciosos, firmen y quebranten lealtades entre ellos y háganles regirse por normas que sobrepasan los límites éticos de cualquier familia convencional. Porque el crimen, en el fondo, es lo de menos.

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