Crítica “Las chicas del cable” 1×01: de la distancia entre la protagonista y el objeto de su deseo

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[OJO, ESPOILERS]

Han corrido ríos de tinta en relación con el estreno de la primera serie española producida por Netflix. Y no es para menos. “Las chicas del cable” es un producto bonito de mirar y de fácil digestión, sin más pretensión que la de entretener pero que cumple, con creces, lo que nos promete.

Después de todo lo escrito en medios, me gustaría resaltar dos aspectos sobre los que, quizás por ser demasiado específicos del oficio de guion, ninguna crítica ha hecho alusión a ellos. Son:

Lo peor: en el oficio de escribir series para televisión hay pocos axiomas. Uno de mis favoritos es: “El piloto ha de ir de lo que vaya el resto de la serie”. Visto al revés, si tu capítulo 1 va de una mujer que entra a trabajar en una compañía telefónica para robar la caja fuerte es porque el resto de la temporada va a ir de eso. De lo contrario, tu público se sentirá estafado. El episodio piloto ha de ser el prometedor primer sorbito de una bebida que vamos a paladear posteriormente con más calma. No vale empezar con cerveza y terminar con vino. Visto el capítulo 1, me surge la duda de que dicho axioma se vaya a cumplir en este caso. Veamos por qué recurriendo a la teoría del guion:

“Para que el espectador se enganche con tu historia, el protagonista ha de estar separado del objeto de su deseo por un obstáculo lo suficientemente grande como para permitirnos imaginar una trama con recorrido digno de ser contado pero no tanto como para que nuestra historia aparente ser demasiado inverosímil”.

Aplicado a nuestro caso en particular, “Las chicas del cable” peca en el primero de los supuestos. Con tan sólo un pequeño hurto y comiéndole la oreja al  vigilante, la protagonista ya ha cumplido el objetivo de abrir la caja fuerte. A partir de aquí, tan sólo el amor de su pasado se interpone entre ella y su deseo. No digo que este amor no sea obstáculo interesante ni que la serie deba estar articulada en torno a un gran robo. Lo que digo es que, en una de las tramas, me habían prometido un robo a una caja fuerte (o eso me parecía a mí) y se lo han ventilado en dos secuencias. Ya sé que esto no es “La casa de papel” pero hay una diferencia entre eso y que con el primer sorbo tenga la sensación de haberme acabado la copa entera.

Lo mejor: son muchas las cosas que funcionan a las mil maravillas en el piloto de esta serie. Las protagonistas están bien definidas y cada una de sus historias logra captar mi atención. El universo que se nos presenta es original, nos permite hacer una serie bella y nos sirve en bandeja la posibilidad de hablar de un tema interesante: el feminisimo. Todo ello envuelto en un melodrama romántico.  A mí me gusta especialmente un detalle pequeño en el total de la obra pero ejemplificante de las “buenas prácticas en el oficio de guionista”. Me refiero a la secuencia en la que Blanca Suárez consigue que Martiño  Rivas la admita en la compañía telefónica. Y me gusta esta secuencia porque demuestra la habilidad del guionista para cazar al vuelo una anécdota leída durante el periodo de documentación (las telefonistas debían tener los brazos largos para poder realizar mejor su trabajo) y convertirla en un maravilloso detonante para una original secuencia de tensión sexual. Los grandes guiones se elaboran a partir de pequeños detalles como éste. Felicidades y larga vida a “Las chicas del cable”.

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