Crítica “Estoy vivo” 1×01: Daniel Écija y el neocostumbrismo sobrenatural

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Ha sido una gran sorpresa para mí el hecho de que el afamado productor de “Los Serrano” entre otras, haya elegido para su regreso (tras casi dos años de sequía) una historia con tintes sobrenaturales. Nunca le gustaron este tipo de productos (al menos a mí nunca me compró ninguno) pero ahora se atreve con este thriller-melodrama sobre un hombre que vuelve a la vida reencarnado en el cuerpo de un inspector de policía. Aún así, la serie cuenta con ciertos elementos que nos remiten a sus clásicos. Si pudiéramos definir en una frase el tipo de serie que le gusta a Daniel Écija y en la que también encaja “Estoy vivo” diríamos:

“La familia española expresa sus sentimientos”

“Familia” porque es el sujeto en el que se desarrollan las relaciones que a él le gustan: padres e hijos, maridos y mujeres, hermanos y hermanas… Los desayunos de “Los Serranos” son el orgiástico paradigma de su concepción familiar. En esta ocasión, “Estoy vivo” no nos regala ningún desayuno pero sí presenciamos algunas escenas tan propias de su sello como una cena con bronca entre padre e hija adolescente.

“Española” porque es el adjetivo que distingue a nuestras series de las americanas. Ya que no puede competir con su impecable factura (aunque cada vez la brecha es menor), la ficción de Écija consigue destacar entre el público porque éste se reconoce. Y aunque “Estoy vivo” es, probablemente, la serie menos española de su extenso imdb, sí encontramos en ella ciertos recursos para que la audiencia la identifique como una serie patria. En primer lugar, la utilización de rostros ampliamente conocidos del público al que persigue, como Javier Gutiérrez y Alejo Sauras. En segundo lugar, la utilización del humor. Cuánto más privado es el chiste, cuánto más cercano al espectador, más gracias nos hace. Por eso a los españoles nos gusta “Allí abajo” o “La que se avecina” por encima de “Modern family” o “Big bang theory”… porque nos retrata a nosotros.

“Expresa” porque busca la identificación con el espectador, porque pretende que éste haga un viaje emocional junto a los protagonistas. “Expresa” porque el carácter latino es así, muy de “pa fuera todo” y porque, aunque ya tengamos series con acción y efectos especiales, nuestras ficciones siguen contando con grandes limitaciones económicas. Y ya se sabe que “expresar” es, probablemente, una de las acciones más baratas de rodar.

Y finalmente “Sentimientos”. Las series de Écija están plagadas de personajes que aman y que odian. Me dirán que eso pasa en todas las series (y tendrán razón) pero en las de Daniel Écija más. Es su sello. A sus personajes nada les resulta indiferente. El corazón les viaja de un extremo al otro del arco emocional y se golpea con sus límites con la velocidad y violencia de una pelota de squash. Sus protagonistas caminan en una fina línea que les separa de la neurosis, por lo que el riesgo de caer en lo grotesco e inverosímil es muy grande. Él lo sabe y por eso gusta de apoyarse siempre en magníficos actores.

En resumidas cuentas, lo que el lunes presenciamos en la capital alavesa fue un meritorio y novedoso intento de reinventar el “neocostumbrismo español”, en este caso con tintes sobrenaturales. Que tenga éxito o no es algo que ya no me atrevo a pronosticar.

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