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Hablamos con  Luis Arranz y Adolfo Martínez, creadores de “El Cid” sobre el proceso de escritura de la serie. El personaje es polémico y la entrevista está plagada de suculentos detalles. ¡No se la pierdan!

¿Cómo surgió este proyecto?

Luis Arranz: En 2013 empiezo a investigar sobre el personaje, su leyenda y su historia. El proceso dura meses, en los cuales voy poco a poco familiarizándome con el personaje y su contexto. Voy elaborando un documento que termina de estar listo en 2014. Pero se queda ahí porque en ese momento no había ventana de oportunidad para colocarlo. La llegada de Amazon a España abre esa ventana.

¿Y cómo fue ese momento?

L.A: En 2018 llevábamos dos proyectos a Amazon. Yo convencí a José Velasco para que lleváramos también El Cid, aunque el proyecto no despertaba mucha confianza dentro de la productora. De hecho, de los tres, fue el último que pitcheé. Desde el primer momento supe que era el que más había gustado. Una semana después nos llamaron y empezamos el proceso para el desarrollo con su complicidad. Yo había colaborado con Adolfo Martínez en “Zona Hostil”, y convencí a José Velasco para que lo trajéramos de Los Ángeles que era donde trabajaba. La llegada de Adolfo y su enorme capacidad de investigación, provocó un impulso muy beneficioso para el proyecto.

Adolfo Martínez: Me incorporé en la Navidad de 2017. Empecé de cero a investigar el período y los personajes. Me gusta la historia pero nunca había ambientado nada en el siglo XI. Con las claves de lo que buscaban que nos dio Amazon y lo que extraje de las crónicas, generé tramas desde la infancia del Cid hasta la muerte de Sancho en ocho episodios, que pasé a Luis y a Luis Moreno, otro compañero de Zebra. Ellos las editaron y mejoraron. Luis Arranz era el jefe y utilizó lo que juzgó mejor.

L.A: Este proceso duró tres meses, en los que, además del argumento, desarrollamos los arcos de todos los personajes.

A.M: Ese paquete nos obtuvo otra reunión en Londres, en la que acompañé a Jose Velasco, el dueño de Zebra, a vender. Nos abrió la puerta a escribir un piloto. Afrontamos la misión Luis y yo durante la primavera/verano de 2018. Fue muy intenso, muy absorvente. Yo tenía un trabajo diurno de 12 horas al día en USA y escribía por las noches, comunicándome con Luis por e-mail y por teléfono. Prácticamente no dormí en semanas.

L.A: Pero los responsables de Amazon en Londres leyeron el piloto y les gustó mucho. Tanto que nos encargaron un segundo guion. Antes de terminar de escribirlo, nos dieron luz verde a la producción.

A.M: También nos pidieron un mapa de tramas de dos páginas por episodio. Una vez más, repetimos el esquema de trabajo que nos había funcionado. Yo hice la primera pasada, y Luis remató, de nuevo marcando él la dirección cuando disentimos. Los episodios pasaron a ser diez, luego 12… creció tanto que Jose Velasco se planteó si dividirlos en dos temporadas de seis, algo que propuso a Amazon, y así se hizo, aunque luego se consolidaran en cinco y cinco.

¿Y qué fue lo más duro de todo?

A.M: Para mí trabajar de encargo. Generar trama, personajes, el tono, las voces, pero no tener la última palabra… algo en contra de mi naturaleza que no volveré a hacer, porque ni lo pongo fácil a los demás, ni me da satisfacción a mí.

¿Cómo fue la relación con Prime Video?

L. A: Yo la definiría como de complicidad absoluta. Casi desde el primer momento la sintonía entre lo que queríamos contar nosotros y lo que ellos esperaban era total. Nos ayudaron mucho y nos guiaron en ocasiones con su experiencia. El papel de Georgia Brown y de Ailsa McCauley fue muy importante. Juntos fuimos perfilando el proyecto hasta darle la forma que finalmente tiene.

¿En qué se diferencia hacer una serie para Amazon de hacerlo para otras cadenas o plataformas?

L.A: Yo creo que la diferencia es que en Amazon siempre se construye la historia desde el personaje. Eso fue lo que nos pidieron. En España lo habitual es construir desde la trama. Todas las peripecias, los hitos, lo que pasa, está al servicio de enseñar las dimensiones del personaje, las necesidades explícitas o invisibles que lo componen, sus nudos y conflictos emocionales. Y no al revés; crear una peripecia o hecho y empujar al personaje a transitarlo.

¿Cómo fue el proceso de selección de la writers’ room? ¿En base a qué criterios elegiste a estos guionistas?

L.A: Lo más importante era elegir gente que entendiera la historia y fuera cómplice con la manera de contarla. Configuramos un equipo poliédrico con guionistas que venía más del mundo del cine con otros con más experiencia en series. Alguno, como Ángel Pariente, con una enorme cultura y un increíble conocimiento de la historia árabe y medieval. Creo que la excelencia de un equipo es que cada uno tenga una habilidad específica. Y luego darle el episodio que más se adapte a ese don, a expensas de que luego aporte en el resto. Esa es la clave. Si todos escriben con un estilo y una forma parecida, no se consigue “ese hecho especial” que deben tener los guiones.

A.M: Yo, tras treinta años en USA, no conocía a nadie en España y no pude aportar demasiado. Luis quería que el grupo fuera diverso, y que cada miembro aportara algo distinto: se trajo de vuelta a un peso pesado como Curro Royo, con quien había iniciado la aventura, aunque Curro estaba liado con “Hernán”. También trajo a otro creador de series míticas como Felipe Mellizo, a Cris Pons, que venía de ser jefa de guión de la primera serie de Amazon en España. Del cine trajo a Nico Saad y de la propia Zebra a Luis Moreno. Luis Arranz quería que la serie tuviera la fluidez de las series americanas, y contaba para ello conmigo, pero le aporté además a Angel Pariente, cuya escritura en temas de época me encantaba y que es un experto en el período y en cada una de las tres culturas. Como asesor histórico reclutamos además a Sergio Bravo, de la academia de Historia.

¿Y cómo fue el proceso a partir de ahí?

A.M: Yo me escribí con Luis el episodio tres también. Sin embargo, al poco de arrancar la writer’s room, en Amazon nos indicaron, con mucho criterio, que ellos no permitían que el director de directores y el jefe de guión fueran la misma persona porque hace cuello de botella. Luis permaneció como jefe de guión y yo me dediqué a pensar cómo rodar la serie. De todas formas seguí participando durante el proceso escribiendo batallas y escenas sueltas.

L.A: El proceso fue distinto a otras series. Queríamos tener todos los guiones escritos antes de empezar a grabar. Por eso hicimos primeras versiones muy rápidas. La clave de un buen guion es la reescritura, la corrección constante. Y si no se tiene el puzzle completo no se puede rearmar nada en consecuencia. A veces un hallazgo en el episodio cinco te obliga a rearmarlo todo desde el uno, mejorando la historia exponencialmente. Sin la visión del todo, es muy difícil corregir las partes. Por eso hicimos muchas versiones hasta que la historia funcionó en su totalidad. Si se consideran todos los guiones como un único guion, comprendes si la historia funciona o no. A veces mejorar una parte sin atender al todo, te da pan para hoy y hambre para mañana. Hay que mantener el timón firme y que una buena anécdota no te envenene el pozo.

¿Qué dificultades conlleva escribir una serie como “El Cid”?

L.A: Creo que conciliar las voces de distintas culturas sin que se resintiese el tono general. El realismo y la verdad ha sido nuestra guía en este punto.

A.M: Para mí, escribir una serie basada en un personaje histórico, polémico y politizado supuso tres desafíos específicos. El primero fue encontrar el enfoque. ¿Por qué una serie sobre el Cid? ¿Qué va a aportar? Tras ponerme a investigar, me resultó sorprendente lo poco que sabe la gente sobre el personaje histórico, empezando por mí. El Cid ni fue el mercenario que se vendía al mejor postor que imaginan unos, ni fue por voluntad propia el matamoros que se imaginan otros. El Cid fue arrastrado por los acontecimientos. A mí me recordaba a Michael Corleone, que no quería ser gangster… y termina siendo el capo de todos los capos.

Otro eje, que Luis Arranz y Jose Velasco ya manejaban cuando me incorporé, está basado en que el Cid, en lugar del abnegado vasallo que describe el cantar, tuvo ambiciones y se atrevió a gobernar un principado, pero cuando le ofrecieron una bula para hacerlo rey y «oficializar» su poder, la rechazó. Nunca sabremos lo que le pasaba realmente por la cabeza, pero con esos datos se puede perjeñar otra premisa interesante: en un mundo en que el poder emanaba de arriba a abajo (de Dios, al rey, a los nobles, a los siervos y a los esclavos), el Cid ejerció el poder sin la legitimidad divina que confiere el linaje. Su poder se lo otorgaron sus seguidores, dispuestos a morir luchando por él. Es poder de abajo a arriba, como en el tiempo actual, en que la voluntad popular es la fuente de la legitimidad. Esto es algo adelantado a su tiempo que menoscaba la estructura feudal. Tal vez, tras contemplar las luchas fraticidas en las cortes cristianas y musulmanas, haya comprendido que Dios no podría haber elegido tan mal, y asumió él el desafío de gobernar. Pero cuando le ofrecieron legitimar su poder oficializándolo como poder divino, lo rechazó. ¡Qué viaje personal tan interesante! ¿Se desencantó de las ideas feudales de su propio tiempo, y se adelantó en muchos siglos al curso de la historia? Es otra premisa plausible para proporcionar un viaje personal a nuestra recreación ficcionada.

El segundo desafío consistió en qué escoger de las fuentes, qué dejar fuera, qué modificar, y qué inventar. Del día a día del Cid durante su juventud se sabe muy poco. No se sabe ni cuando nació, ni que edad tenía en ningún momento. Para saber por dónde andaba, tuve que seguir a Sancho. La vida real del Cid es una sucesión azarosa de acontecimientos, sin significado, sin premisa dramática, sin estructura narrativa. Para que su naturaleza fortuita no te lastre, el secreto es elegir una premisa que sea fiel a la verdad, y luego dramatizar cuando haga falta. Mientras la premisa original fuese honesta, el resto será mentir para contar la verdad.

El tercer desafío es en qué forma de castellano van a hablar los personajes. Si pones castellano del siglo XI hay que subtitular. Toda la serie, todo el tiempo. Ya no tendría mercado doméstico. Y en lugar de resultarnos próximos los personajes, sería como mirar hormigas en un terrario. No bastaría con subtitular: habría que poner notas a pie de página, porque hablan en conceptos que ahora no existen: “Quien matara o hiciere tuerto al sayón, que peche un omicio de 500 sueldos”. Aunque actualices el castellano, sigue sin tener sentido. Y si les pones español del siglo de oro, que es lo típico, aparte del anacronismo de 600 años, suena todo a “La venganza de Don Mendo”. Tampoco es el efecto que queríamos. La tendencia de las series actuales extranjeras es que los personajes hablen el idioma de su audiencia, que en su caso es un inglés actual usando algún giro que te recuerde que es de época y evitando palabras que te rompan la ilusión. Y eso hicimos. Evitamos el voseo (que sí existía) e introdujimos la conjugación de «usted» (que no existía), aunque evitando la palabra «usted» (contracción de vuesa merced, que no existía). El tuteo en cambio no es licencia. Luego me pillé un diccionario de castellano medieval a castellano actual y me lo peiné entero en busca de expresiones que meter. Sobrevivieron pocas. Al final nos concentramos en los tacos. Peiné además del diccionario, obras como “La Celestina” o “La lozana andaluza” buscándolos. Durante el casting, probé a recargar de «palabros» las separatas de las pruebas, para ver hasta donde se podía llegar antes de que la gente desconectase al oírlos (y de paso ver qué tal eran capaces de decirlos los actores). La tolerancia a oír arcaicismos resultó ser baja, así que al final se usaron con prudencia.

¿Qué hechos históricos habéis utilizado para articular la temporada o las diferentes temporadas?

L.A: Los hitos históricos han balizado nuestro camino. Lo que hemos hecho es ficcionar entre uno y otros, dotar a los personajes de motivaciones, objetivos y necesidades, que nos conduzcan hasta esos hitos que realmente sucedieron. La ficción completa los huecos. Por eso nuestros historiadores nos decían a veces: “Creo que debió suceder así”. Es increíble como a veces “la verdad dramática” se convierte en una posibilidad verosímil de lo que debió suceder en realidad.

A.M: Al principio contamos una pizca de la infancia de el Cid y la batalla de Atapuerca. Luego cubrimos (en la primera temporada) desde que el Cid tiene 15 o 16 años hasta el final del reinado de Fernando. En la historia, hemos tratado de combinar las cosas que sorprenden por su exotismo con aquellas que sorprenden por su modernidad. Esperad a ver, en la segunda temporada, la muy trágica trama gay sacada directamente de las crónicas. Todo el mundo pensará que si los progres, que si los perroflautas… en fin. Lamentablemente, sólo un historiador tiene las referencias para poder valorar estas cosas. El espectador medio, que solo tiene como referencias nuestro tiempo y los clichés de las otras series medievales, pensará que estas cosas serán anacrónicas.

¿Cuántas temporadas tenéis planeadas para contar la historia completa del personaje?

L.A: Creo que podremos hacer cinco o seis temporadas más. Depende de cómo se quiera contar la historia y las elipsis que se quieran hacer.

¿En qué momento del proceso estáis actualmente?

L.A: De momento estamos en el proceso de posproducir la segunda temporada que ya está grabada.

¿Y vosotros personalmente en que andais ahora?

L.A: Actualmente estoy desarrollando al argumento de la próxima temporada junto a Cris Pons y Luis Moreno, para estar preparados cuando Amazon nos dé luz verde para escribirla. Aparte, en Zebra, tenemos más proyectos en desarrollo de los que soy el responsable.

A.M: En mi caso, no se puede contar.

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Por Nico Romero

Nico Romero es el fundador de este blog y guionista desde 1.999. Entre sus series más conocidas se encuentran "Siete vidas", "Aída", "Compañeros" o "El internado". Recientemente ha estrenado "Hospital Valle Norte" en TVE, "Brigada Costa del Sol" en Telecinco y Netflix y "El nudo" en Atresplayer, HBO y Antena 3.

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