Apuntes “La catedral del mar” 1×01: ficción sólo para adultos

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Lo que está claro es que algo está cambiando en la ficción nacional. En primer lugar porque con “La catedral del mar”, Antena 3 renuncia voluntariamente a la ficción para todos los públicos. El capítulo 1 retrata una Cataluña medieval sucia, pobre, violenta y dolorosamente injusta, que hace imposible su visionado con niños o personas sensibles. El piloto, escrito por Rodolf Sirera, es una patada en la boca del estómago del espectador y mi reflexión al verlo fue que, por fin, se estaban haciendo series exclusivamente para adultos en España. Probablemente no pueda aspirar a audiencias tan masivas como la de “Tiempos de guerra” (quién sabe) pero yo lo agradezco. En cualquier caso, con los cambios en los hábitos de consumo, la audiencia en directo ya no es un factor tan determinante como antes.

En segundo lugar porque, por fin, Antena 3 se ha dejado convencer para producir series en capítulos de cincuenta minutos. Esta decisión nos va a permitir superar, de una vez por todas, las historias ovaladas y a internacionalizar definitivamente nuestra ficción. Pero para ello, es necesario que las series sean concebidas en este formato desde el inicio. Digo esto porque me consta que Rodolf Sirera, Sergio Barrejón y Antonio Onetti escribieron primeramente seis capítulos de 60-70 minutos para finalmente reordenar el contenido en ocho de 50. A pesar de que el metraje es prácticamente idéntico, el resultado no lo es. ¿Por qué? Veamos…

Por una parte, los capítulos de una serie son las piezas que componen una obra mayor y, como tal han de servir a ésta avanzando acontecimientos de las grandes líneas de temporada. Por otra parte, cada capítulo ha de tener cierta identidad propia proponiendo un tema o un enfoque propio. En el primer caso, la reordenación de contenidos nos va a afectar a los finales y principios de cada capítulo y, a buen seguro, nos estropeará los detonantes y los ganchos que tuviéramos previstos en un primer momento. En el segundo caso, con la reordenación de contenidos, la entidad del capítulo como obra individual también queda comprometida, pues el tema o enfoque propio del capítulo se difumina.

La realidad es que, si queremos obtener guiones redondos, no será suficiente con reordenar los contenidos al capricho de acuerdos de coproducción de última hora, sino que deberemos volver a la pizarra y afrontar su escritura casi de nuevas, con la consiguiente inversión en tiempo y dinero que ello implica.

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