Agustín Martínez, coordinador de guion “Victor Ros”: “Aparte de la estética, el croma nos limitaba a un tipo de investigación más de salón”

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Aunque en primera instancia pueda parecer un tipo sencillo, detrás de cada una de sus respuestas se vislumbran años de experiencia en este oficio que nos une. Le gusta escribir y eso se nota. No en vano lleva más de quince series a sus espaldas. Este año publica su segunda novela.

VICTOR ROS

¿La segunda temporada de “Victor Ros” es una obra original?

La primera temporada creo que bebe más de los libros. En esta segunda partimos del mismo punto que una novela pero luego vamos por otros derroteros (y a Jerónimo le pareció bien). En la novela el personaje se va a Londres y eso nosotros no nos lo podíamos ni plantear. Además, en las novelas, Clara vive y nosotros la matamos en el capítulo 1. Él retoma el personaje de Aldanza y nosotros no. Es una obra original pero basada en los personajes de la novela. Aunque tiramos por otro lado, hemos intentado ser fieles a ellos.

Y Victor Ros, a su vez, es bastante fiel a Sherlock Holmes…

Pero no es igual. Sherlock es un personaje de clase alta y Victor, en sus orígenes, era un ratero, un tipo de la calle. Eso lo hemos recuperado en la segunda temporada para darle más acción. También decidimos hacerle más adulto. Ahora es un personaje que bordea la moral e incluso se la salta a lo largo de la temporada por decisiones propias. Tiene como su propia justicia.

¿Qué más diferencias hay en esta segunda temporada?

Pues que, aunque tiene una estructura que tiende a repetirse capítulo a capítulo (como todas las series), hemos intentado variar el género. El capítulo 1 es más thriller, el 2 tiene muchos referentes al western (por Sierra Morena), el 3 es más de misterio tipo “El nombre de la rosa”, el 4 es más de salón, de Ágata Christie, el 5 es más de terror. El 7 es de reivindicación social. Jugamos con los géneros y así cada capi es diferente.

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¿Qué dificultades de guion te ha planteado Victor Ros que no te han planteado otras series?

Lo más complicado son los mecanismos de investigación. Lo chulo en este género es que el espectador tenga la sensación de ir de la mano del detective para que intente resolverlo con él pero tienes que sorprender al espectador para que tu personaje parezca muy inteligente sin que la deducción sea demasiado loca o sacada de la manga.

¿Y existe un método para construir eso?

Nosotros teníamos un libro de Tubau como referencia sobre los métodos de investigación de Sherlock Holmes. De ahí sacamos muchas cosas. El método más común es el científico porque el espectador no sabe criptografía, por ejemplo. Lo importante es no mentir durante el proceso.

Pero una cosa es mentir y otra dejar de contar ¿ocultabais acciones de Victor Ros?

Tampoco. Lo que hay mucho es, por ejemplo, que Victor Ros mira unas flores…. pero no añades nada más. Y al final entiendes por qué Victor Ros miraba las flores.

¿Y las interminables explicaciones finales, tan comunes del género?

Tratábamos de evitarlas. En Ágata Christie, el detective explica al final lo que ha ido descubriendo desde el capítulo 1. Nosotros hacemos resoluciones intermedias que permiten al detective ir acercándose a la resolución final.

Dosificabais las explicaciones a lo largo de la temporada.

Claro, y cada resolución te gira la historia. Y al final de la serie sólo explicamos el último giro. El resto ya se explicaron en su debido momento. Nosotros manejábamos dos estructuras. Por un lado la de continuidad (el oro) que, como caso, ocupan todo el 1 y todo el 8. Pero luego del 2 al 7 hay un caso por capítulo.

Que tiene relación con el caso principal…

No siempre. Y aquí surge uno de los problemas estructurales que nos encontrábamos los guionistas: conseguir que Víctor fuera de un caso a otro con naturalidad.

Más la trama sentimental

Pero la trama sentimental va unida al caso en continuidad y va creciendo poco a poco.

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¿Cómo llegaste a coordinar la segunda temporada de “Victor Ros”?

Me lo encargaron los productores ejecutivos (Emilio A. Pina y Amparo Miralles). Hice un proyecto que gustó en TVE y entonces me encargaron escribir el capítulo 1.

Pero la serie ya estaba comprada…

Sí, pero tras la primera temporada decidieron no darle continuidad. Lo que pasa es que en la cadena les gustaba el personaje y, con el paso del tiempo, plantearon la posibilidad de darle una segunda oportunidad.  Al principio iban a ser 10 capítulos y luego bajaron a 8. El proceso fue como levantar una serie nueva porque ellos no lo tenían del todo claro. El caso es que nos aprueban la serie en febrero. Empezamos a trabajar con el equipo de guionistas en marzo y el estreno se plantea en principio para septiembre. Y está muy guay poder ver tu trabajo en pantalla de forma inmediata pero era un poco agonía porque íbamos muy pegados al rodaje.

¿Qué tal fue la relación con la cadena?

Los productores eran los que se reunían con ellos pero muy bien.

¿Y con los productores ejecutivos? ¿Entraban en contenidos?

Sí, sí. Amparo estaba más en oficina y Emilio en el día a día del rodaje. Aparte de aprobar las tramas ellos marcaban las limitaciones de producción y cómo sacarle el mayor partido posible a lo que teníamos.

Hablando de producción tengo que decir que agradezco que esta segunda temporada no tenga croma. ¿De quién fue esa decisión?

En la primera reunión que tuve con ellos les dije que había que cambiarle el look a la serie pero creo que fue una decisión de todos. No queríamos seguir resolviéndolo todo en croma. Además, más allá de la decisión estética, el croma definía un tipo de investigación, muy de salón, muy de Ágata Christie, con la secuencia larga de resolución final en la que el protagonista explica cómo ha resuelto el caso. Nosotros queríamos que Victor Ros siguiera siendo Victor Ros pero que la investigación sucediera en movimiento.  Queríamos darle la acción, cosa que también está en las novelas.

Ya, pero supongo que eso implica también más dinero, que la serie será más cara…

No, que va. Ahí le doy mucho mérito a los productores… bueno, y a los guionistas, que encontramos muchos recursos. Y sin usar plató, lo cual es una cosa que da como vértigo.

Aunque empieza a ser normal. Lo bueno del plató es que te permite rodar más deprisa.

Sí, pero tampoco tanto. Nosotros teníamos un exterior natural donde se rodaba la comisaría, el bar, las calles… todo junto. Y eso era muy cómodo.

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¿Cómo elegisteis el equipo de guion?

Lo elegí yo. En Secuoya me dijeron que si podía contar con gente de dentro mejor pero salvo a Emilio Díez, conocía a todos los demás. Somos seis: Paula Fernández, Luis Moya, Jorge Díaz, Emilio Díez, Darío Madrona y yo.

¿Y cuál fue tu criterio?

Gente que conozco o de la que tengo muy buenas referencias. Gente muy fiable. Era una serie en la que íbamos pegados de tiempo al rodaje y no nos podíamos permitir tener que rehacer un guion. Y luego el buen ambiente también es importante. Pasamos muchas horas de reunión juntos. Luego está el caso de Jorge Díaz, que está desde el origen de Victor Ros.

¿Desde la primera temporada?

Sí, es el único. El proyecto original viene de Jorge, que ha publicado varias novelas y conocía a Jerónimo. Él le propuso adaptar las novelas de “Victor Ros”. Jorge hizo el proyecto de serie, lo movieron con Mireia Acosta y New Atlantis entró. Lo vendieron a TVE y Jorge escribió el arco de la primera temporada y creo que el 1 y el 2. Después él salió del proyecto y entró Javier Olivares. Y luego, en la segunda temporada, Jorge volvió.

¿Teníais documentalista en la serie?

Sí, Irene Rodríguez. Ella estaba muy presente en todo el trabajo de guion. Nos documentó sobre el contexto histórico (Linares en el siglo XIX).

O sea que era especialista en Historia.

Sí, pero sobre todo me importaba que supiera de guion porque yo necesitaba que me sugiriera mecanismos que nos ayudaran a resolver las tramas. A veces ella proponía cosas y a veces le pedíamos que buscara mecanismos específicos. Al final, ella repasaba los guiones ya terminados buscando anacronías.

¿Y las condiciones económicas qué tal?

Bueno, el estándar por guion en la ficción española está en torno a 9.000 euros pero me da rabia porque llevamos quince años en esa cifra. No podemos seguir bajando. Tenemos que luchar para que esto suba.

TRAYECTORIA PERSONAL

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Tú empezaste en “Al salir de clase”

Sí. Fue el inicio más engañoso de la historia de un guionista porque estuve 4 años trabajando sin parar. Mi madre me decía: “Preséntate a una oposición” y yo le decía: “Pero si esto es igual, si tengo trabajo fijo”. En “Al salir de clase” yo aprendí el oficio. Escribí “chico deja chica” alrededor de 650 veces.

Otra serie de éxito en la que participaste fue “Motivos personales”

Sí. Yo entré en la segunda temporada. Aunque en el fondo era un culebrón, manejaba una estructura de thriller y eso fue un paso adelante para la ficción española. Además tenía un look que en su momento era chulo, muy distinto del clásico de “Médico de familia” y otras.

También escribiste en “Sin tetas no hay paraíso” ¿estás especializado en thriller? ¿es lo que más te gusta?

La verdad es que sí. El año pasado publiqué mi primera novela y también es un thriller.

¿Cómo se llama?

“Monte Perdido”. Ambientada en un pueblo imaginario, una especie de Twin Peaks. “Sin tetas” también fue una vuelta de tuerca en la ficción española. Nunca sabes lo que puede funcionar. Aquella era una serie muy salvaje, sobre niñas que se metían a putas para ganar dinero. Y el Duque le cortaba la cabeza a un tío y había personajes que caían en la heroína. Además, el título no nos gustaba. Nos sorprendió mucho su éxito.

También escribiste un capítulo de “Crematorio”

Sí. Esa serie es mérito de los Sánchez Cabezudo. Cuando yo llegué, ya la tenían prácticamente escrita.

Después adaptaste “Entre fantasmas”, aquí “El don de Alba”.

Sí, era una serie que tenía muy complicado triunfar. Una serie para niños y jóvenes pero que se emitía a las once de la noche. Era un horario terrible. La versión americana fue un éxito pero es que se emitía a las tres de la tarde.

¿Y ahora en qué andas?

De escaletista en “Acacias 38”. El prime time está muy bien pero las series diarias son las que sostienen a la industria. Ahora hay cuatro en emisión y eso es un montón de gente trabajando. Es algo que no deberíamos perder. Ha habido épocas en las que lo perdimos. Luego poco a poco hemos ido recuperándolo. Son el pulmón de la industria.

¿Qué te gusta más: dialogar o escaletar?

A mí me gusta más escaletar, tienes menos la sensación de estar repitiéndote. Es inevitable. Pero cualquier guionista te dirá que donde se vive bien es como dialoguista. Escribes en tu casa, mandas el capítulo y punto. En argumento hay muchísimo trabajo. A la vez que escaletamos, vamos sacando biblia para la siguiente temporada.

¿Y como novelista?

Pues el año que viene publico mi segunda novela pero aún no puedo contar nada.

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