Sergio Barrejón, el último bloguionista

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Foto: © Ana Álvarez Prada

Allá por 2009 nacía una institución. El blog sobre guion con más repercusión en el mundo hispanohablante publicaba su primer post. Herramienta para la visibilización del guionista y referente académico para las nuevas generaciones, Bloguionistas se mantiene hoy tan necesario como hace diez años gracias a Sergio Barrejón, un veterano que viene juntando letras desde «Amar es para siempre» hasta «Servir y proteger» pasando por «La catedral del mar». A pesar de haber estado nominado a los Goya, su mayor logro llegó en 2020, cuando consiguió convencerme para que nos tomáramos algo en una terraza en la fase 1.

¿Cómo surgió el proyecto?

Fue a finales 2009. Varios guionistas con blog que nos habíamos hecho amigos en nuestras respectivas secciones de comentarios empezamos a quedar AFK. Y un día les propuse la idea de armar un blog colectivo. Pensé que podríamos ser más “influyentes”, por así decirlo, si uníamos nuestras voces. Ángela Armero, Dani Castro, Natxo López, David Muñoz y yo fuimos los pioneros. Luego se fueron uniendo algunos más.

¿Cómo ha evolucionado el blog durante todo este tiempo?

De los fundadores sólo quedo yo a los mandos, aunque ellos colaboran de Pascuas a Ramos y sus artículos siguen siendo muy leídos. Durante estos años han firmado artículos titanes y titanas como Javier Olivares, Verónica Fernández, Carlos López, Bárbara Alpuente y muchos otros. De un tiempo a esta parte, los contenidos se han centrado más en la actualidad: entrevistas a guionistas, reseñas de estrenos, análisis de películas… Cada vez hay menos “opinión” y “consejos” (más que nada porque después de mil y pico artículos, ya hemos opinado y aconsejado todo lo posible).  

¿Quién lee “Bloguionistas” y qué contenidos son los más demandados?

Lo que más interesa, diría yo, es la experiencia personal de un guionista contada en primera persona, de la cual se puedan extrapolar consejos, digamos, universales. La “batallita”, por así decirlo. Dos de los artículos más leídos últimamente, por ejemplo, son: Isa Sánchez contando cómo se escribió el guión de El Ministerio del Tiempo en el que Lorca ve a Camarón cantando sus poemas, y una entrevista con David Orea, donde cuenta cómo pasó de la ECAM a ser fijo en Bambú escribiendo un éxito de taquilla y varias series top. Y sobre nuestros lectores, me consta que entre ellos hay muchísimos profesionales, y un número nada desdeñable de estudiantes y principiantes. Sobre todo de España, aunque en México, Argentina, Colombia y Chile también hay muchos lectores.

Foto: ©Natxo López

Además de contenido gratuito, el blog ofrece otros servicios como cursos o análisis de guiones… ¿Da para vivir?

No, en absoluto. Escribir guiones ya casi no da para vivir, imagínate escribir sobre guiones. Esto lo hacemos básicamente por amor al arte. Sí que es cierto que, durante el confinamiento, el taller online de “Cazadores de ideas” tuvo bastante éxito, ya lo han hecho cerca de doscientas personas. Eso sí ha dejado algo de beneficio, pero hablamos de cantidades muy discretas, porque el precio del taller es muy bajo.

A mí con “Escribir en serie” me pasa que me siento un poco esclavo: escribir, publicar, mover en redes… ¿Tú cómo lo llevas? ¿Qué tendría que pasar para que decidieras a echar la persiana?

En Bloguionistas publica mucha gente, y yo casi nunca hago entrevistas en profundidad de las tuyas. Me encanta la entrevista en sí, hablar con compañeros, conocer sus métodos y escuchar sus anécdotas, pero el trabajo de edición es ímprobo. Yo sobrevivo gracias a ex alumnos brillantes del Máster de Salamanca, como Carlos Muñoz Gadea, Sergio Jiménez Arranz, Paula Sánchez Álvarez, Curro Narváez o Carolina Daza, que hacen análisis de guión, entrevistas, trabajo de edición, comunicación en redes, etc. Y antes de ellos hubo otros ex alumnos. Sin esa sangre joven, yo echaría la persiana muy pronto.

Tú eres fundamentalmente guionista pero en 2018 dirigiste “Jefe” sobre un guion de Natxo López ¿qué aprendiste como escritor de la experiencia de dirigir una historia ajena?

Bueno, yo soy fundamentalmente guionista porque en un momento dado aposté por formar una familia y vivir en el extranjero, y eso era más compatible con escribir que con dirigir. Pero yo empecé dirigiendo y, si no dirijo más, no es por gusto, es porque imagino que me he hecho un nombre como guionista y mi “carrera” como director no está a la altura. Supongo que el fracaso estrepitoso en taquilla de mi primera peli tampoco ayuda.

De Natxo López hay mucho que aprender. Sabe muy bien cuándo defender su guión de intervenciones ajenas, pero también cuándo ser flexible y hacer cambios por el bien de la producción. Maneja muy finamente las metáforas visuales y da oro a los actores en los diálogos. Y tiene un humor a la vez muy negro y muy entrañable. Es el tipo de escritor que te hace pensar “yo quiero escribir así”, pero no tienes ni idea de cómo conseguirlo.  

Foto: ©Natxo López

Desde que empecé a dar clases, ando preguntándome cómo se enseña a escribir; porque yo no tengo formación académica de guionista. Yo aprendí trabajando. Tú has dado clase en varios de los masters y escuelas de guion más importantes de España. Cuéntame ¿Cómo se enseña esta profesión?

Pues mira, mi perfil es muy parecido al tuyo. Tampoco tuve formación académica. La ECAM, en la que ahora soy profesor, en su día no me aceptó como alumno, para que te hagas una idea. En aquella época (finales de los 90),no había mucha más oferta para estudiar cine en serio en Madrid. Y yo no tenía dinero para irme a estudiar fuera. Así que me dediqué a hacer cortos y aprender por mi cuenta. En definitiva, que yo tampoco tengo ni idea. Me maravilla escuchar las clases de profesores con una base teórica sólida, como Michi Huerta o Pedro Sangro de la UPSA, pero yo me veo incapaz de articular un montón de sabiduría teórica de forma útil para mis alumnos. Así que básicamente lo que hago en mis clases es ventilar a toda velocidad lo poco que sé sobre guión (cuatro nociones básicas que se encuentran en cualquier manual) y de inmediato pongo a trabajar a mis alumnos. Y sobre sus trabajos trato de aplicar esas cuatro nociones teóricas. Y es muy bonito, porque las mismas palabras que me suenan a lugar común cuando las digo como teoría, de pronto cobran muchísimo sentido cuando se aplican a los trabajos de los alumnos. Siempre intento que mis alumnos lleven la iniciativa. No les digo lo que tienen que escribir. Lo que hago es obligarles a replantearse lo que han escrito, a mejorarlo, a profundizar en ello, a ser implacables consigo mismos. Y me aseguro de que sea siempre un proceso constructivo. “Yo no sé más que vosotros de vuestra propia historia”, les digo muchas veces.

¿Y qué es lo más difícil de enseñar? ¿Cuál es el mayor escollo que encuentran los aspirantes a guionista?

Mi impresión es que suelen tener muy buenas ideas, pero a la hora de la verdad, les da miedo profundizar en ellas, porque en cierta medida profundizar en los conflictos que escribes implica mirarte en un espejo, que a veces devuelve una imagen muy inquietante. Por eso muchas veces tienden a la sátira ramplona y a banalizarlo todo. Pienso que es un mecanismo de defensa, y trato de convencerles de que sean valientes, que bajen al sótano y se enfrenten al monstruo que vive allí. Generalmente lo consiguen, y suelen escribir historias muy interesantes.

¿Qué historia de la pandemia te gustaría contar a ti? ¿Quién sería tu prota?

Seguro que hay historias maravillosas que contar sobre estos meses, pero antes de la COVID-19 ya tenía muchas historias en proceso y prefiero seguir con ellas. Me resisto a que la actualidad me dicte lo que debo escribir. A no ser que lo haga con dinerito por delante.

¿Y ahora en qué andas?

Pues estoy escribiendo el piloto de una serie cuya idea llevaba muchos años rondándome y por fin ha cobrado forma. Probablemente lo presente al concurso de pilotos de Filmarket Hub, si llego a tiempo. Estoy terminando la post producción de un corto que he dirigido, con guión de Natxo López. Y trabajo como dialoguista en la serie diaria Servir y proteger. También estoy moviendo un largo, por supuesto, y como cualquier guionistas, tengo unas cuantas ideas más a medio desarrollar. Tantas como libros empezados en mi mesilla de nosche.  

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