Reescribiendo “Lo que escondían sus ojos” T1: afrontando el reto

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[OJO ESPOILERS]

Aunque se trata de una miniserie de tan sólo cuatro capítulos y ya le hiciera una crítica al episodio uno, creo que merece la pena pararse un minuto a reflexionar sobre el resto de la temporada pues, según mi parecer, nos ha deparado una grata sorpresa. Veamos un pequeño resumen de la historia y luego lo comentamos.

Sonsoles de Icaza, Marquesa de Llanzol, es una mujer distante y altiva que, a pesar de tener un marido comprensivo, se arriesga a perderlo todo por echar un polvo con el nuevo y atractivo Ministro de Asuntos Exteriores. El affaire se mantiene hasta que su entorno empieza a sospechar de ellos y, por ambición política, Ramón acaba sacrificando su relación con ella. Abandonada como un perro, Sonsoles descubre que está embarazada. El Marqués se entera de todo pero, lejos de repudiarla, decide aceptar a la nueva hija como suya. Se llamará Carmen. Diecisiete años después, Carmen se ennovia con uno de los hijos del Ministro y su esposa. Cuando se entera, la Marquesa se ve obligada a confesarle a su hija que el chico es, en realidad, su hermano por parte de padre. Rota por el dolor e incapaz de perdonar a su madre, Carmen ingresa en un convento.

A mi modo de ver, el problema de falta de empatía que comenté en la primera crítica (“El reto de los personajes odiosos”) sigue plenamente vigente, al menos hasta que la Marquesa descubre que está embarazada (la mitad del tercer capítulo). A partir de ahí, el problema al que se enfrenta Sonsoles es tan grave que el interés por la serie crece bastante y, aunque no terminas de empatizar con ella, la historia pega un subidón importante hasta culminar en un final intenso y melodramático. Yo incluso habría prescindido de la elipsis y le hubiera mostrado al espectador la conversación en la que la hermana de la Marquesa le revela el fatídico secreto a la joven enamorada. ¡Felicidades a Telecinco por seleccionar un material tan apropiado para su público y a Helena Medina por haberlo sabido poner en pie!

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A pesar de todo, no he podido dejar de darle vueltas en mi cabeza al problema de falta de empatía de los protagonistas y a cómo habría tratado yo de mitigarlo. Se me ocurre que, quizás, modificando algo el perfil de ella podríamos haber avanzado en esa dirección. Propongo:

La Marquesa de Llanzol es una joven insegura, poco vivida y fuertemente influenciada por su madre, hasta el punto de haber sido convencida en el pasado para casarse con el Marqués por motivos económicos. Al principio, la Marquesa intenta hacer vida normal con su marido pero éste, muy ocupado con sus asuntos profesionales, la tiene bastante abandonada. Es entonces cuando aparece en su vida el galán: Ramón Serrano Suñer. Ramón es divertido y encantador. Con él, la Marquesa puede hacer cosas más propias de su edad (cosas que con su marido no puede). De la noche a la mañana, Sonsoles de Icaza se descubre casada con un hombre que la ignora y enamorada como una colegiala de un hombre casado. El deseo y la culpa luchan en su interior hasta que la Marquesa sucumbe e inicia una relación con el Ministro.

En mi opinión, estos cambios nos habrían permitido:

• Dotar a la Marquesa de unas debilidades comprensibles por el espectador que nos habrían ayudado a empatizar con ella desde el principio. Probablemente caeríamos en otro problema, el de la falta de originalidad, pero superar ese es ya un trabajo de escaleta que excede las pretensiones de esta crítica.
• Al dibujar al Ministro como un tipo educado y encantador del que ella se enamora, la traición y el abandono que Sonsoles siente cuando él la abandona habrían sido más dolorosos, acrecentando aún más la empatía con ella.
• Por último, este cambio nos habría permitido darle al personaje del Marqués un giro interesante. De ser un hombre muy ocupado que tiene abandonada a su mujer (en el capítulo 1) a descubrir que, en el fondo, es un hombre bueno que la ama (final del capítulo 3).

Hay cien formas de escribir una historia y otras mil de reescribirla. Esta es la mía ¿Cuál es la tuya?

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